jueves, 3 de noviembre de 2011

Mirano Prologo

-¿Lo recuerdas cierto? - Pregunto Mirano sin dejar de mirarme, una sonrisa maliciosa se alojo en su rostro mientras hablaba - Los latidos frenéticos de mi corazón, bajo tus manos, aquel órgano que luchaba por sobrevivir a pesar de la gran perdida de sangre, mis pulmones tratando de agarrar aire para llenarse, mis brazos y piernas tratando de resistirse en vano.

"Recuerdas mi cadáver yaciendo en el bosque, en una madriguera abandonada, dime ¿Lo recuerdas?, yo jamás podría olvidarlo y por supuesto están esas palabras, las ultimas palabras que escuche en vida, que provenían de tus labios con tu usual tono frió y desinteresado "Dime: ¿Crees que puedes... seguir adelante?"."

"Esas palabras exactas, las mismas que rondan día a día en mi cabeza y que cada día te repito una y otra vez. Lo recuerdas, es un hecho, como olvidarías una ocasión tan importante, esa en la que por primera vez detuviste un reloj vital, el mío..."

Mirano guardo silencio unos segundos, mientras Kenji seguía observando el suelo, ignorando a Mirano como de costumbre. El levanto la cabeza y contesto:

-Todavía no es el momento.

-Pronto llegara- dijo Mirano optimista- Mientras tanto recordemos un poco mas, recordemos nuestro secreto, aquel que hemos de llevar a la tumba - Mirano se rió de su broma cubriendo su boca con su mano sangrienta y dijo - o que al menos uno de nosotros ya se ha llevado.

"Espero que nunca olvides ese día, ese hermoso 5 de Noviembre en que fuimos al bosque a hacer un picnic familiar, el último día de mi vida. Por supuesto que jamás lo olvidaras, ya que me quedare junto a ti por siempre y no dejare que te olvides de algo tan importante para mi."

"Por lo pronto recordemos en silencio ese hermoso día que tú y yo recordamos claramente. Hagamos memoria y volvamos al día en el que morí."

Mirano alzo la cabeza para ver al cielo azul, recordando en secreto las palabras de algo que nunca mencionaba en voz alta, algo que nunca le había dicho a Kenji que sabia, la verdadera razón para quedarse a su lado por siempre.

Mirano recordó las ultimas palabras que escucho de Kenji en vida, las verdaderas, las que escucho mientras su conciencia se esfumaba, las palabras que habían sido amortiguadas por el dolor que sentía y que en ese momento no había comprendido, la voz de Kenji con el tono mas sentimental que había escuchado jamás, las palabras eran: "Lo siento... Te amo, Mirano".

Mirano esbozo una sonrisa, de una felicidad que no podía apreciarse en sus ojos, ella no buscaba venganza, por que su muerte en si había sido la venganza perfecta...

Noctámbulo Prologo

Corriendo, estaba corriendo, mientras lo hacia no podía evitar notar un ardor intenso en mi garganta. Siempre había considerado que era veloz, pero fueran quien fuera que estaba detrás de mí, lo era aun más.

Desde que empecé a sentir este terrible ardor, que me consumía por dentro cada vez más, algo parecía haber cambiado. Para empezar estaba el hecho de que a pesar de la oscuridad que nos envolvía, podía ver perfectamente bien, lo cual era sorprendente, ya que en esa noche sin luna, la ciudad de Eternal estaba totalmente a oscuras.

Aunque no era como si realmente necesitara mis ojos, podía escuchar todo lo que estaba a mí alrededor, podía escuchar las respiraciones de la gente que dormía tranquilamente en sus casas, y muy cerca de ellos podía escuchar un sonido que identifique como el de un fluido, en todos los casos era así, incluso me preocupaba que pudiera ser agua, una corriente que podía ahogarlos a todos, pero estaba en medio de una persecución, y no tenia tiempo para preocuparme de cualquier otra cosa que no fuera escapar.

Sabia exactamente donde estaba cada cosa, escuche los pasos detrás de mi, era pasos realmente silenciosos, pero aun así sabia donde estaba mi atacante. Ese hecho me desconcertó aun mas, no era posible ir tan rápido y ser tan silencioso al mismo tiempo, no debería ser posible ver en esta oscuridad, por un momento creí que esto era un sueño, estaba a punto de dejar de correr, cuando al final recordé.

Recordé por que había estado corriendo todo este tiempo, por que me sentía tan aterrado y confundido, me acorde de la razón por la que mi garganta quemaba tan dolorosamente, pensar en el dolor me distrajo, y esa distracción me basto para dejarme acorralado, no tuve mas opción que darme vuelta y enfrentarme a mi oponente.

En ese instante no podía creer lo que estaba sucediendo, ni el hecho de que esa misma tarde la había pasado con mi mejor amigo, ni tampoco que hace tan solo una hora estaba con el...

Noctámbulo c01

-¡Corre! O sino no llegaremos a la función.

Mario corría detrás de mi tan rápido como podía, respirando fuertemente, mientras trataba de mantener el paso, no era un chico muy atlético, pero no tenia que serlo para que fuera mi mejor amigo.

-¡Espérame Ian!

Seguimos corriendo hasta la entrada del cine y yo llegue primero, como siempre. Pero esta vez se habían agotado las entradas.

-Ian ya sabes que eres mucho más rápido que yo podías haberte adelantado y comprado los boletos.

-Si, podía, pero no quería dejarte solo, ya sabes como se pone tu mama cuando le cuentas que te dejo solo, - Mario puso una expresión sombría cuando le mencione esto.

Mario tenia unos cuantos problemas con sus padres y por esa razón se mudo a una casa de huéspedes, y yo mismo estaba pensando en ir a vivir con el, en lugar de aquel oscuro y solitario departamento mío.

- La ultima vez no nos dejo salir juntos por 2 semanas. – Me rei sin muchos animos – Solo bromeo no queria dejarte atras.

-Eso es cierto, -Respondió con una cara mejor que la anterior- pero aun así pudiste comprar las entradas antes de que se agotaran.

-No hay problema – dije - compremos entradas para la función que sigue.

-Pero es muy tarde ¿No crees?

-No tanto, vamos esta es la película que habíamos estado esperando.

-Bien, pero ¿Que haremos antes de que empiece la siguiente función?

-No lo se, paseemos por allí.

Mario y yo paseamos durante un par de horas hasta que la función volviera a empezar, habia mucha gente por ahi, la mayoria eran adolescentes como nosotros.

Mario se aparto de mi para ir a ver una tienda de antiguedades y yo mire un poco en los alrededores, frente a la tienda de antiguedades habia una libreria, pense que podria encontrar un buen libro, pero entonces algo mas llamo mi atencion, y fue una chica.

Su cabello era negro tan oscuro como la obsidiana, sus ojos eran azules y su piel relucia como una perla, usaba una blusa blanca y una falda de mezclilla.

La chica de blanco se encontraba detras del mostrador, al parecer trabajaba alli.

Entre a la tienda con la intencion de buscar una excusa para hablarr con ella, fingi interes en algunos de los libros que habia en el estante frente a mi, la mayoria eran clasicos, asi que tome mi favorito, Hamlet.

Se me ocurrio probar con algo completamente normal, pero cuando arme el suficiente valor para ir al mostrador, la chica ya no estaba alli. Ella avanzaba en direccion a la salida, que coincidentemente se encontraba al lado de mi.

Segui mirando el libro con la intencion de que no se percatara de mi presencia, y la vi salir de la libreria, me arrepenti de no haber hablado con ella, asi que devolvi el libro a la estanteria y Sali de la libreria, en ese momento vi a Mario dirigirse hacia mi.

- ¿Que pasa? – me pregunto despues de ver mi cara.

- No es nada – dije aunque no sone muy convincente.

La chica de blanco ya se habia alejado un poco, queria seguirla pero sin que Mario se enterara, entonces vi que la chica iba hacia la neveria.

- Vamos por una nieve – le dije a Mario.

-Ok – dijo el, pero me miraba con sospecha, el aun no habia notado a la chica de blanco, ni que la estaba siguiendo.

Melodía de Amor p02

La muñeca estaba en mi habitación, detrás de una caja de cartón, por eso no había sido capaz de verla. Y allí estaba yo atorada dentro de la muñeca una vez más, quería salir, pero a la vez tenía miedo de hacerlo, la última vez me perdí de muchas cosas, habían pasado ya 6 meses desde que había muerto, y no quería desaparecer por mas tiempo la próxima vez, así que simplemente me quede dentro de la muñeca.

Me moría del aburrimiento, bueno en realidad no era posible, pero en ese momento me hubiera gustado, no tenia nada con que entretenerme, pasaba la mayor parte del tiempo imaginando cosas, que mi familia estaba conmigo, que veía a mis amigas una vez mas, pero en el fondo sabia que estaba evitando pensar en mi hermana, y por consiguiente no pensar en el piano, evadía los recuerdos en los que tocaba el piano felizmente, gracias a la caja de cartón que en un principio no me dejo ver la muñeca, ahora obstruía mi vista, de modo que no podía ver siquiera el piano.

Una vez mas me plantee el tratar de salir de la muñeca, pero me daba demasiado miedo intentarlo, pero pensándolo bien, daba igual, de todas formas, me aburriría, ya fuera estando dentro o fuera de la muñeca. Si pasaba el tiempo sin que me diera cuenta, seria aun mejor. Así que finalmente me decidí a salir de la muñeca, fue mucho mas fácil de lo que recordaba, y para mi mala suerte, el tiempo no paso, fue como si simplemente dieran un paso fuera de una habitación, no paso el tiempo, al menos no como yo esperaba, pero entonces ocurrió lo que mas me preocupaba, ví el piano, mi bello piano de cola, habían dejado la tapa cerrada, por lo que las cuerdas no se llenarían de polvo o telarañas, o al menos eso esperaba, pero sin embargo no puede evitar enfurecerme una vez mas.

Entre en un estado de cólera y demencia, no pensaba con claridad, simplemente lanzaba cosas de un lado a otro hasta destrozarlas, hasta que oí un sonido que me hizo olvidarme de todo lo demás, era mi caja musical, la que tenia mi canción favorita “Canon en D mayor” escuchar esa melodía que me era tan familiar hizo que se rompiera algo dentro de mi, y por primera vez lamente realmente el hecho de estar muerta.

Por una segunda vez llore lagrimas invisibles, pero estas lagrimas no estaban cargadas de odio y rencor, sino de lastima y tristeza puras, cada sollozo que hacia me resultaba extraño, no necesitaba respirar, entonces ¿Por qué sollozo?
Me pregunte. No trataba de llorar sin sollozar, nunca antes lo había hecho. En el pasado, cada vez que derramaba una lagrima, siempre había alguien que me consolaba, ya fuera mi madre o mis amigas y en algunas ocasiones también mi hermana, pensar en ella me desconcertó, ya que no estalle con ira ante su recuerdo.

Pensar en ella me recordaba al chocolate oscuro, era dulce, pero amargo a la vez, y su sabor se quedaba en tu boca después de comerlo. Continúe lamentándome por mi muerte, pero en cuanto recordaba porque había muerto, me enfurecía nuevamente.

Llore por mucho tiempo, a mi me parecieron días pero la luz del sol me indicaban que habían sido tan solo unas horas, tan solo me lamentaba y pensaba ¿Por qué tenia que morir?, ¿Por qué que he quedado atrapada en mi casa?, tenia tantas preguntas y estas no hacían mas que darme vueltas en la cabeza, pero yo seguí si poder encontrarles una respuesta.

Hasta que en un momento mientras lloraba y me hacia las misma preguntas, apareció una luz blanca y calida frente a mi, estuve maravillada por esa sensación de calor, ya que yo era un ser incorpóreo, y lo único que podía sentir era tristeza e ira. No tenia ningún sentido físico, simplemente tenia emociones.

Asombrada por esa luz, deje de llorar y la mire con atención, todo mi yo estaba concentrado en esa iluminación, no podía pensar y no puse resistencia alguna cuando una inigualable paz me embargo y me obligo a olvidarme de mi misma, por un momento deje de ser yo, simplemente era una conciencia tranquila que ya no tenia voluntad propia, ahora era un espíritu que se volvía uno solo con la luz.

“Seria lo mejor si pudiera quedarme así por siempre”, fue lo que pensé, realmente era así como me sentía, pero en el fondo sabia que no era cierto, aun en el estado tan pacifico en el que estaba, en mi alma aun se removía un sentimiento negativo, era rencor.

Me preguntaba que era esa luz llena de paz que me embargaba, me parecía que era lo que llaman descansar en paz, tenia sentido, después de todo ya estaba muerta, pero dentro de mi estaba ese rencor y tenia el presentimiento de que no podría descansar en paz hasta que librara de el, pero no tenia idea de cómo hacerlo.

Trate de descifrar mi rencor en busca de una manera para librarme de el, sin embargo no pude hacerlo, entre mas buscaba una manera de librarme de el este iba gradualmente apoderándose de mi, expulsándome repentinamente de esa luz.

-¿Tu eres Melisa?- pregunto una voz que me pareció el mismísimo cielo hablándome, era una voz tan bella, cada vez que la escuchaba me llenaba de un sentimiento nuevo, uno que era completamente nuevo para mi, me recordaba a un atardecer en la playa en un día de verano – Mi nombre es Serena y soy un ángel enviado para escoltar tu alma al cielo.

“Mi nombre es Melisa efectivamente, y supongo que me llevaras al cielo” pensé, me parecía que ya era hora de irme, había estado increíblemente aburrida encerrada en esa casa.

-Eres un alma con rencor, así jamás podrás ir al cielo, tienes algo que te ata a este lugar y no puedes marcharte hasta que te liberes.

“Pero como me libero” pensé. No tenia ni idea de cómo se suponía que debía liberarme, ni siquiera estaba del todo segura cual era la causa de mi rencor.

-Eso depende de ti - susurro el Ángel, su respuesta me descoloco, ya que no esperaba que un Ángel escuchara mis pensamientos.

“¿Puedo salir de mi casa?” pregunte, me encantaría poder salir de allí, quizá ver a mis padres o algo por el estilo.

-Me temo que eso no es posible, todo lo que ata tu existencia en este mundo esta aquí.

“¿Mi existencia? No entiendo ¿Qué quieres decir?”

-Durante tu vida fuiste propietaria de varios objetos, aquellos que tu mas apreciabas o que tuviste por mas tiempo, todos esos objetos tienen una parte de ti, de tu esencia, es por eso que puedes aparecer mas solidamente en esta habitación. Sin embargo no puedes tocar nada en este lugar, ya que cualquiera de los objetos con los que tuviste contacto en tu vida son ahora propensos a llenarse de tu rencor, y por lo tanto terminarían siendo objetos malditos. Por supuesto existen algunas excepciones, como esa muñeca, es casi una regla general que las muñecas son contenedores para…

“¿¡Que!?” grite en mi mente interrumpiendo la explicación de Serena, “¿Cómo que no puedo salir de esta casa?, eso quiere decir que si no puedo librarme de mi rencor estaré aquí para siempre, rondando esta casa como un fantasma” Me llene de pánico, esta vez por que yo no quería quedarme allí para siempre, no comprendía la causa de mi rencor, pero lo que si sabia era que este ángel había aparecido de la nada y había comenzado a decir cosas sin sentido.

“¡No!” pensé y trate de decirlo con la mayor fuerza posible y así fue, lo dije tan fuerte que pareció como un grito que resonó por toda la casa vacía, lo dije con un sentimiento tan fuerte, que al parecer espanto al ángel que anteriormente había estado frente a mi. Me encontraba sola, una vez más.

Entre en un estado de lo mas extraño, no sentía el paso del tiempo, no había respiraciones que contar, no había latidos tampoco, prácticamente no había nada en ese sitio que me indicara el paso del tiempo, el mundo podría haberse congelado y yo no me hubiese inmutado.

El tiempo se convirtió en algo totalmente ajeno a mí, de vez en cuando veía la luz del sol o simplemente oscuridad total, me sentía como una piedra, aunque en realidad no sabia como se sentían las piedras, si es que tenían sentimientos, estaba inmóvil, acurrucada en un rincón de mi cuarto. Todos mis sentimientos parecían haberse esfumado, pero yo sabia que estaban allí.

En algún momento mientras estuve perdida en ese estado, escuche un sonido, usualmente no se oían sonidos, pero en ese momento en especifico, tome conciencia por primera vez o eso parecía, ya que me resultaba extraño ser tan conciente, escuche, algo que nunca antes había escuchado, eran gritos, fuertes y ruidosos, que iban acompañados de un rítmico golpeteo, comprendí en cuanto me acerque a la ventana para comprobar de donde venia ese sonido, que era música, había personas bailando cerca de allí en la casa de lado.

La música, pensar en ella me resultaba doloroso, en especial por que sabia que no podría volver a tocar, mientras examinaba mis pensamientos con tanta calma me di cuenta de que esta vez no había reaccionado como la anterior, probablemente fue mas la sorpresa de no poder tocar el piano que el hecho de no poder tocarlo en si.

Convencida de que esa la razón por la que estaba tan alterada e iracunda la ultima vez. Esta vez decidí acercarme al piano una vez mas, trate de tocar una de sus teclas, fue inútil como lo supuse, mis dedos pasaron totalmente desapercibidos sobre la capa de polvo que se había formado sobre las teclas y entonces sentí dolor, no en mis dedos en si, sino en toda mi alma.

Me di cuenta de que ya no recordaba como era el dolor, había pasado tanto tiempo en ese estado que ahora conocía como adormilado, me sentía como si hubiera despertado de un sueño largo, como si hubiese estado bajo el efecto de la anestesia, ahora mi mente pensaba con mas claridad.

Y yo solo podía pensar en una cosa, algo que era forzosamente una necesidad, y esa era tocar el piano, sentía como si fuera a morir sino lo tocaba, en un sentido figurado, ya que técnicamente es imposible morir si ya estas muerta.

Una vez mas toque una tecla con mi dedo índice, y otra vez paso desapercibido, el piano no hizo sonido alguno, de nuevo sentí el dolor, ese dolor me recordaba a la muerte, estaba condenada a no poder tocar nada en esa habitación, incluyendo el piano.

No me di por vencida, seguí intentando toque varias teclas a la vez, de una en una, sin darme cuenta comencé a hacer los movimientos con las manos de una canción, cuando me percate de eso, me di cuenta que dolía, tanto como morir una y otra vez, sin embargo no podía evitar querer seguir tocando, sin importar cuanto doliera, lo soportaría con tal de tocar el piano.

Sino tocaba el piano sentía como si muriera lenta y muy dolorosamente y si tocaba el piano sentía como si muriera una y otra vez, me hubiera gustado que alguna opción no me matara, pero como dicen el hubiera no existe, tendría que conformarme con lo que tenia por el momento. Prefería morir aunque fuera una y otra vez, mientras hiciera algo que me gusta.

Tenia una canción rondando por mi cabeza así que decidí intentar tocarla en el piano, lentamente pose ambas manos sobre las teclas del piano imagine el sonido de las teclas al ser presionadas, mientras en mi mente y solo para mi daba un concierto perfecto de “Pathétique” de Beethoven.

Me perdí entre las notas que tocaba e imaginaba al mismo tiempo el sonido del piano, lo recordaba con tal nitidez que incluso me sorprendía, recordaba el sonido de cada una de las teclas. Toque canciones simples y también canciones complejas que no conocía del todo bien, pero mientras recordara su sonido, de una forma u otra sabía a que tecla pertenecía.

Tocaba de noche y de día, no tenia las molestas necesidades de los vivos, como dormir o comer. No me cansaba jamás de tocar el piano y no tenia nunca que separarme de el para nada, yo era feliz a pesar del dolor y de no poder tener contacto alguno con las teclas en si.

Melodía de Amor p01

Lo primero que recuerdo es que había mucha gente triste, yo estaba viendo la escena, pero no comprendía que estaba pasando. Entonces me di cuenta, todas esas personas, yo las conocía, era mi familia, mis vecinos y mis amigos y compañeros de clase, que estaba pasando, ellos no se conocían entre si, no del todo, ¿que estaba pasando? ¿Por qué estaban todos juntos en esta sala? ¿Y porque estaban llorando?

Veía todo borroso a mi alrededor, pensé que yo también estaba llorando, ya que podía oír sollozos muy cerca, pero cuando quise llevar mis manos a mi cara, me di cuenta de que no podía, no podía moverme por mas que lo intentara, entonces me di cuenta que los sollozos que oía no eran míos, sino de Kenia, mi mejor amiga, como podía olvidar esos sollozos, los mismos que cuando su madre falleció, eso era, alguien había fallecido, pero quien, en realidad no me sentía triste, sino relajada, en paz.

Pero ¿Quien pudo haber muerto para hacer llorar a Keny así? ¿Habrá sido su padre?, tenia sentido, mi familia habría asistido, y nuestros compañeros también, ya había asumido la muerte del padre de Kenia, cuando, escuche su voz por detrás de mi, estaba hablando con mi padre, diciendo que lo sentía mucho, ¿Quien habrá muerto? ¿Habrá sido mi hermana? eso también tenia sentido, pero entonces pude verla sentada en un rincón llorando con todas sus fuerzas, ¿Quién habrá muerto?, David, el novio de mi hermana María se acerco a ella y la abrazo, incluso el estaba derramando lagrimas.

¿¡Alguien quiere decirme de una vez quien murió!? Trate de gritar, pero no podía hacerlo, no encontraba mis labios, forzosamente intente girarme, hasta que por fin lo conseguí, me encontré frente a frente con una Kenia destrozada, no había otra manera de describirla, no había rastro alguno de la bellísima Kenia que veía todos los días desde que teníamos 5 años, ni siquiera cuando su madre murió había estado tan desordenada y descuidada. Entonces me alce, o mejor dicho me alzaron y pude verme en un espejo que había detrás de Keny.

En cuanto capte la imagen de la extraña en el espejo todas piezas encajaron, ese funeral no era de un conocido mío ¡Era mi propio funeral! No estaba precisamente molesta por estar muerta, estaba mas bien sorprendida, no recordaba como había muerto, pero eso no era lo que me tenía mas inquieta, sino el hecho de que estaba atrapada y no tenia idea de cómo salir.

Estaba dentro de una muñeca, y no dentro de cualquier muñeca, sino de mi favorita, era de porcelana, tenia cabello rubio rizado con miles y miles de caireles, llevaba un moño y un vestido rosa pastel, pero lo que mas me gustaba de esa muñeca eran sus preciosos ojos azules, tan azules como el cielo, unos ojos que en ese momento me observaban fríos e inmóviles.

Era porque estaba atrapada dentro de la muñeca que no me podía mover, trate de moverme en todas direcciones pero no podía hacerlo, pude darme cuenta de que estaban finalizando el velorio, pero aun así seguí intentando moverme, intente gritar también, pero nadie parecía oírme.

Seguí intentando salir, hasta que casi lo logre, ahora que sabía como hacerlo solo tenia que hacerlo con más fuerza y pronto estaría afuera, así que lo intente una vez más. Al principio lo ví todo borroso, no pude comprender lo que paso, salí de la muñeca, sin embargo no estaba en el velorio con el resto de mis conocidos, estaba en mi habitación, pero todo estaba muy extraño, no parecía mi habitación, las repisas estaban cubiertas de polvo, en los rincones de mi habitación había unas cuantas telarañas estaba lleno de cajas de cartón, mis cosas seguían exactamente donde las había dejado, excepto por el piano que estaba en la sala de mi casa, que ahora se encontraba en mi habitación, supuse que mis padre lo habían colocado allí, ya que yo era la única en la casa que tocaba el piano.

Adoraba la música, y amaba tocar el piano, entonces pensé, si ya estoy muerta, no hay nada que hacer solo me quedare aquí para tocar el piano, me acerque a el, pero fue muy extraño, no camine, simplemente desee estar mas cerca y así fue, avance, pero no caminando, sino flotando.

Pude oír ruidos fuera de la habitación ya que la puerta estaba abierta, fui a la sala y estaba todo lleno de cajas de cartón, se estaban mudando, debí suponerlo cuando ví todas esas cajas en mi habitación, no pude ver a mi familia, ya que estaban todos afuera, simplemente me quede en las escaleras esperando a que alguien subiera por mis cosas, me aburrí un poco, así que decidí echar un vistazo en las demás habitaciones, para ver si no faltaba nada mas de empacar, pero cuando revise las habitaciones estaban completamente vacías, la única habitación que estaba llena era la mía, la cocina estaba vacía también y solo quedaban algunas cajas en la sala.

Mi hermana María subió las escaleras, fue directo a mi habitación y se sentó en el banco frente a mi piano, levanto la tapa que protegía del polvo a las teclas y por un momento pensé que tocaría el piano, pero no fue así, simplemente se quedo observando el piano con una mirada perdida, parecía como si recordara al pasado, de un momento a otro parecía que la tristeza que la embargaba era demasiada para ella, ella comenzó a llorar desconsoladamente, supuse que era mi culpa por haberme muerto y yo ni siquiera recordaba como. Lo único que sabía era que estaba muerta y que ahora mismo era una especie de fantasma.

Odie el no tener un cuerpo propio para poder consolar a mi hermana, ¿Cuánto tiempo habría pasado? ¿Para mi apenas habían sido unos segundos, pero parecía que ella llevaba llorándome por mas tiempo. Mi hermana seguía llorando y me preguntaba llena de ansiedad que podía hacer, la respuesta atravesó mi mente y me congelo completamente o eso parecía. Nada, no había nada que yo pudiera hacer por ella, estaba muerta, y ahora no era más que una conciencia transparente, de la que nadie podía siquiera percatarse.

Esto me recordaba a un poema que me gustaba mucho, pero nunca en realidad había experimentado nada parecido y hasta entonces jamás había comprendido en realidad


Mi incorporeo ser
Flota en la nada
Y lo unico que me ata
Eres tu

Presiento que mi vida
Ya no sera igual
Todo ha cambiado
Pero aun es lo mismo

Quiero que encuentres
Al dueño de tu corazon
Que lo cuide por mi
Y que con el seas feliz

Solo quiero verte sonreir
Mientras que mis lágrimas,
Invisibles serán
para ti…”


David subió las escaleras y se acerco apresuradamente a María, el le decía una y otra vez “Tranquila, tranquila” o “No fue tu culpa”, María seguía llorando y yo también deseaba poder consolarla, pero yo sabia que no me veía y por mas que intentara gritar no podría, no tenia un cuerpo, era simplemente una conciencia trasparente, invisible para los ojos humanos.

-Si tan solo…no la hubiera dejado ir sola…nada de esto habría pasado – dijo mi hermana entre sollozos.

Y fue entonces que recordé, recordé como morí, María me había dado las llaves del auto para ir a recoger un encargo muy pesado cerca de aquí, pero yo no sabia conducir muy bien, a pesar de que mi hermana y yo estábamos concientes de ello de todas formas fui, no recuerdo exactamente como fue que paso, pero el que yo este muerta lo dice todo.

- Han pasado… seis… meses… y yo… todavía… todavía…- mi hermana continuo sollozando pero no alcanzaba a comprehender del todo a que se refería, por algún motivo no podía enojarme o deprimirme por estar muerta, mas bien estaba tranquila, por mas que tratara de encontrar algún motivo para enfadarme por morir, estos perdían importancia, era como si no tuviera una razón para mi para seguir viviendo, pero yo sabia que la había, allí estaba mi piano, justo frente a mi, mientras tuviera mi piano todo estaría bien. No me importaba morir, o al menos eso creí, solamente podía sentirme culpable por haber muerto. Mi hermana se había estado culpando todo este tiempo y yo solo quería decirle que todo estaba bien.

David levanto a mi hermana, paso su brazo sobre su hombro e hizo que se apoyara en el, ya que obviamente mi hermana no podría caminar en el estado en el que se encontraba. Bajaron las escaleras juntos y los seguí, pero justo cuando estábamos por salir de la casa, se me ocurrió una idea “Tocare el piano, su canción favorita, así sabrá que la he perdonado, que no debe culparse de lo que paso, fue tan solo un accidente”.

Regrese rápidamente a mi habitación y estuve frente al piano, ansiaba poder tocar y me llenaba de alegría el poder estar frente al piano, pero entonces mi peor pesadilla se hizo realidad, estaba frente al piano y quería tocarlo pero no podía hacerlo, no tenia manos para tocarlo, me llene de pánico y muchísimo temor, no seria capaz de tocar, me revolví incomoda pensando en que podría hacer y de alguna manera pude distinguir una especie de nube gris que se movía cuando yo lo hacia, “Debe ser una parte de mi” pensé, así que intente moverla a mi voluntad, y sucedió, se movió tal y como lo desee.

Feliz por mi descubrimiento intente tocar el piano una vez mas, pero esta vez mis dedos lo traspasaron, fue entonces que pude vislumbrar mi destino, seria un alma, solo una conciencia invisible que sufre en el espacio vacío, desconcertada camine hacia la ventana y mire a mi hermana y al resto de mi familia entrar al auto, no quería quedarme sola, así que naturalmente intente salir, pero no podía traspasar las paredes que me sacaban de la casa, solo las que estaban dentro.

Desesperadamente intente salir por las ventanas e incluso la puerta, pero cuando intente girar el picaporte, mi mano lo traspaso. Volví a la ventana de mi habitación, observe a mi hermana que aun continuaba llorando y por primera vez sentí rencor, rencor hacia mi hermana, la hermana a la que yo siempre había adorado y admirado. Mi querida hermana que era tan buena conmigo, a la que estaba empezando a odiar, la odiaba, tanto que ya no podía contenerme. Sentí como lagrimas invisibles e inverosímiles resbalaban por mis mejillas trasparentes.

Y por un momento sentí como toda mi ira y enojo se transformaba en energía, de una forma u otra logre materializarme, y sin darme cuenta lance un estruendoso y desgarrador grito, las cosas a mi alrededor comenzaron a levitar y a girar en todas direcciones.

Mi grito llego a los oídos de mi hermana que miraba hacia mi ventana con una expresión que me decía que estaba aterrorizada, yo solo podía mirarla con odio y enojo. Por su culpa era ahora un alma prisionera en lo que anteriormente había sido mi hogar, por su culpa había perdido la única razón que había tenido en el pasado para vivir, lo que mas amaba en el mundo.

La odie, la odie y la odie aun mas por cada milímetro que avanzaba el automóvil en el que iban, mi hermana no apartaba los ojos de mi ventana, y yo estaba segura, no se como, de que ella me estaba viendo, me miraba con sus ojos llenos de terror. Atrapada en esa casa vacía, lo único que pude hacer fue observar como se alejaban todos los demás sin mirar atrás.

Sin haberme dado cuenta había dejado de gritar, pero seguí llena de rencor e ira, me moví como loca por toda la casa tratando de buscar una salida, lance lo poco que quedaba en la casa al suelo, revolviéndome y gritando como una demente.

Entre mi estado de frenesí por salir de la casa no me di cuenta de que ahora tenia una forma, ya no era una neblina blanca lo que se movía conmigo, ahora eran mis manos, tenia piernas y podía ver un borroso y leve reflejo en la ventana de la casa. Tenía un cuerpo, o mejor dicho una forma, aun atravesaba los objetos, y aun era invisible o más bien transparente para mí, podía distinguir mi figura pero los demás no podían, lo sabia por que a pesar de ver a tu vecina que murió hace seis meses por la ventana, los chicos de afuera no gritaban o salían huyendo cuando me veían, en cuanto observe mejor a los chicos, me dieron ganas de salir una vez mas, pero esta vez en mi locura por salir me quede atrapada en la muñeca de nuevo.

Hipocresía c02

Después de terminar mi hamburguesa regrese a mi habitación, podía hacer lo que quisiera, pero no quería estar en esa casa, lo que hice en ese momento lo considere una locura y hasta hoy en día lo hago. Me acerque el mueble lleno de invitaciones para fiestas y escogí la primera que ví que era para hoy, era informal, pero aunque fuera un evento informal no me dejarían poner un pie fuera de esta casa si no salía con un vestido de diseñador.

Entre al baño y me bañé en la tina, me encantaba hacer eso, luego de terminar de bañarme cepille mi cabello, era largo y negro como el de mi madre, me mire en espejo y ví lo que esperaba, a mi, una belleza de ojos verdes, esa no era mi intención, era por eso que no me maquillaba, ni me dejaba el cabello suelto, nunca había querido llamar la atención, seguí viendo a la chica de espejo y murmure mis palabras favoritas: -Aquí estas Alexandra, la chica perfecta, eres rica, hermosa e hipócrita.

Fui a mi closet y busque la sección de ropa informal, no me sorprendió ver que no había ni un pantalón, solo faldas y vestidos. Como la fiesta era un cumpleaños de un chico de mi edad, decidí ponerme algo que estuviera de moda, no era un fiesta que aprobaban mis padre, era en la casa de un chico de clase media alta mi madre siempre insistía en que fuera solo a fiestas de clase alta, pero yo siempre salía con el argumento de que debía ser social con las personas que estaban a mi alrededor.

Finalmente me decidí por una mini falda de mezclilla, que no se veia muy vulgar pero si sexy, una blusa negra de tirantes y un saco corto de color gris, no sabia que zapatos utilizar así que llame a mi asesora, que suerte tener alguien que me ayude a elegir. Estuve esperándola en la puerta de mi closet con los brazos cruzados, toco la puerta y dije – Adelante.

Entro por la puerta con su usual taconeo que a veces me fastidiaba, esa mujer siempre estaba a la moda, usaba tacones plateados, un pantalón negro de vestir y una blusa morada muy bonita. Cuando vio la ropa que traía dijo - ¿Cómo es el evento?

-Informal- respondí – solo quiero que me ayudes a escoger unos zapatos.

-Bien, déjame ver que tienes- Entro a mi closet y fue al estante lleno de zapatos que había ahí, tomo un par y me los tendió diciendo – Póntelos.

Eran un par de zapatos de tacón alto negros muy elegantes, no me convencía mucho, este atuendo se vería extraño con ropa tan casual y zapatos elegantes. Negué con la cabeza, eso no era lo que quería.

-Solo póntelos quiero ver como se ve- Respondió mi asesora, Isabel, así se llamaba.

-Se vera extraño, así será – tome el par de zapatos algo enfadada por que me hacia perder el tiempo y me los puse, me senté en un banquillo que estaba a mi derecha y cuando termine de abrocharlos me levante y me dirigí al espejo.

Me dedique a ver mi atuendo, por lo que no note que mi cara y me cabello, era muy bonito, los tacones no se veían del todo mal con la falda, observe el conjunto y ví que estaba bien.

-Eso es todo ya puedes irte- murmure.

-Claro que no apenas he empezado contigo- dijo Isabel, tenía un gran sentido de la moda, pero era tan grande que estaba en contra de sus principios dejarme salir de la casa, con ese cabello y esa cara, como ella decía.

Hipocresía c01

Me dolía la cabeza, mis ojos eran realmente sensibles a la luz, eso solo podía significar que tenia una horrible migraña, volvía a mi casa después de la escuela con Karen, mi mejor amiga que se había ofrecido a llevarme a casa, ya que me sentía realmente mal, tuve suerte de no tener ninguna tarea para el día siguiente, no estaba de mal humor pero me sentía pésimo, ni siquiera quería responder cuando me hablaban solo gruñía o movía la cabeza. Tome mi chaqueta y la utilice para cubrirme la cabeza, en especial los ojos, en lo único en lo que podía pensar en ese momento era en el dolor, le había pedido a Karen que apagara la radio, no soportaba el ruido tampoco.

Nuestro trayecto fue en silencio, Karen me conocía demasiado bien como para saber que mis migrañas eran tan horribles que ni siquiera hablaba con nadie, la mayoría de las personas se la pasaba quejándose del dolor y eso solo empeoraba al dolor, por lo que terminaban de muy mal humor.

Cuando llegamos a “Mi casa”, le di las gracias a Karen y me baje del coche, era un auto usado no muy bonito, pero el motor servia bien y eso era suficiente para Karen, espere a que se fuera para poder entrar a “Mi casa, en realidad vivía en otro lugar, estaba cerca de allí, pero no me sentía con ganas de caminar. Llame a James, mi chofer, y le pedí que viniera por mi a la casa, que yo había comprado para la farsa que era mi vida.

James llego como siempre en una larga limosina blanca que era mi “favorita”, se estaciono frente a mi y se bajo para abrirme la puerta, le agradecí y me subí a la limosina, usualmente me quejaba y le decía que podía abrir la puerta yo sola, pero me sentía tan mal que en ese momento apreciaba realmente su amabilidad, en cuanto subió a la limosina me pregunto: - ¿Hacia donde quiere ir señorita?

-Llévame a la mansión, tengo una terrible migraña, podrías apagar las luces y la radio, se que dije que podías escuchar lo que quisieras pero hoy me siento horrible.

-Claro que si señorita – Dijo James y apago las luces y la música rock que le gustaba escuchar.

-Gracias – dije y me obligue a sonreír a pesar de que me martilleaba la cabeza.

Lo que mas me gusta de las limosinas es que su motor no hace tanto ruido como el de otros autos, volví a poner la chaqueta en mi cabeza y me relaje tanto que me quede dormida.

Cuando desperté estaba en mi habitación, que no era precisamente mi favorita, era demasiado espaciosa para mi gusto y había una gran puerta de madera color chocolate, yo sabia que detrás de ella estaba mi exageradamente grande armario, lleno de ropa extremadamente costosa, de la cual solo usaría una milésima parte antes de que fuera renovado completamente al día siguiente.

Nunca tenia permitido ponerme la misma ropa dos veces a excepción de el uniforme de la escuela y el hecho de que me compraran uno cada mes me parecía exagerado, pero al fin de cuentas, todo en mi armario era nuevo cada día, solo los dejaba que hicieran eso por que toda la ropa que no usaba la vendían o la donaban a los pobres.

Toc, toc, golpearon levemente la puerta y dije – Adelante.

Mike entro y dijo - ¿Se siente mejor señorita? ¿Quiere que llame al doctor? – Mike era parte de la servidumbre de la casa, a pesar de que teníamos la misma edad y éramos amigos en la escuela, estaba obligado a llamarme señorita en cuando llegábamos a casa. El era un chico muy amable, lo consideraba mi mejor amigo, ya que el sabia mi secreto y siempre me trataba bien ya fuera en la escuela o en la casa.

-No gracias Mike, tengo hambre así que bajare a comer – Voltee a ver el reloj en mi buró y ví que eran las 5 de la tarde, no había comido nada desde las 10 de la mañana, no me sorprendía que tuviera hambre.

-Puedo preguntarle señorita ¿Qué es lo que desea comer? – pregunto Mike en ese tono que yo consideraba algo irritante, se dirigía a mi como señorita y eso nunca me había molestado, pero desde que nos habíamos vuelto amigos en la escuela me parecía muy extraño que me llamara señorita en casa.

-¡Quiero una hamburguesa con papas a la francesa!

-Enseguida le comunicare sus deseos al cocinero, ¿Necesita algo mas señorita?

-No eso es todo Mike.

-Entonces si me permite – dijo mientras se daba vuelta y abría la puerta.

-¡Mike! - dije, se detuvo y volteo a verme.

-¿Desea algo señorita?

-Se que no puedo pedirte que no me llames señorita pero ¿Es necesario que me digas señorita en cada oración que dices?

-Claro que si señorita- sonrío y volvió a abrir la puerta – Si me permite – cerro la puerta frente a el, suspire y me deje caer en la cama.

Me levante de la cama y me di cuenta de que llevaba puesta otra ropa, era una bata de seda rosa, odiaba el color rosa, todo en mi bendita habitación tenia que ser rosa, a excepción de la puerta, la base de la cama y mi peinador, pero eso era todo, las paredes, las cortinas, las sabanas e incluso el baño era rosa, lo odiaba, por eso evitaba estar allí la mayor parte del tiempo.

Me cambie de ropa, me puse el primer vestido que ví, era caro, de diseñador, ni siquiera me fije de quien era, solo me lo puse, lo único que quería era salir de esa habitación tan horror-rosa.

Fui corriendo a las escaleras, quería evitar ver ese horrendo pasillo decorado con jarrones caros y cosas antiguas que detestaba, llegue hasta la cursi escalera con la gran alfombra roja que la cubría del todo y baje corriendo, mientras bajaba pude ver a las sirvientas al pie de la escalera que decían “Buenas tardes señorita”

-¡Buenas tardes! – me limite a decir mientras pasaba corriendo para ir a la cocina.

Para llegar a la cocina tenia que pasar por el comedor, en cuanto entre me di cuenta de habían puesto la mesa, en ese momento entro Mike con un carrito donde venia lo que suponía que era mi hamburguesa, no podía verla por que llevaba una tapa de metal encima. Me senté en la mesa y antes de sentarme llego un mayordomo al que yo llamaba Frank y me ayudo con mi silla, aunque no tenia ni idea de cómo se llamaba, tenía un nombre muy extraño en otro idioma, nunca pude pronunciarlo bien, así que simplemente me dejo que le llamara Frank.

Mike trajo el carrito hasta el lugar donde me había sentado y puso el plato frente a mi, lo único que me gustaba de ser rica era que podía pedir lo que quisiera de comer y lo conseguirían para mi. Mike me trajo una coca-cola, me conocía lo bastante bien como para saber que me encantaba.

Mike puso su mano sobre la tapa y mientras la destapaba dijo – Espero que disfrute su comida señorita – y ahí estaba mi hamburguesa acompañada de papas, en seguida alargue la mano para tomar una papa frita y ponerla en mi boca, estaba deliciosa, a continuación tome un sorbo de refresco – Es una hamburguesa de carne de res y papas importadas de Francia-

En ese momento escupí el refresco y moje a Frank – ¡Yo nunca pedí papas importadas de Francia! – fue lo único que pude decirle a Mike, quien sonreía de oreja a oreja, se estaba vengando por tener que llamarme señorita, lo fulmine con la mirada y me volví hacia el pobre de Frank que termino empapado –Lo siento mucho Frank – dije y tome una servilleta para ayudarlo a secarse un poco – tomate el resto del día, lo siento tanto, de verdad lo siento.